todo tiene un ritmo natural en Lewis & Carroll

La lentitud del tiempo real…

Cuando miras la vida al natural, todo sucede muy despacio.

Cuando tenemos la oportunidad de observar algo en “tiempo real”, nos da la impresión de que sucede a cámara lenta. Claro, es posible que no siempre, pero sí en la inmensa mayoría de los casos.

Pero estoy completamente convencido de que esta “lentitud del tiempo real” es una patología moderna. Un producto genuino de nuestro tiempo y de nuestra sociedad. Fruto de una larga trayectoria de muchos años acostumbrados a seguir la vida en diferido.

Cuando no teníamos más alternativa para observar la realidad que mirar las cosas que pasan, nuestro sentido del ritmo (supongo, solamente supongo, no pretendo realizar ninguna aproximación científica a la cuestión porque carezco de los conocimientos y de la cualificación para hacerlo) seguro que era otro. Rápido, lento, deprisa, despacio… seguro que esos conceptos tenían otra dimensión.

Pero ahora no estamos acostumbrados a mirar las cosas que pasan.

No estamos acostumbrados a observar la realidad en directo. Llevamos muchos años observándola en diferido o bien observando una realidad transformada en ficción. Los medios de comunicación nos han inculcado, y nos han acostumbrado, a un ritmo de la realidad que nada tiene que ver con el ritmo natural.

Vemos reportajes de un minuto que nos muestran el efecto de un huracán que arrasó una zona del trópico durante varias horas. Tenemos noticias, documentales, películas, spots, fotografías y relatos en los que el ritmo de la narración es trepidante y, claro, luego miramos por la ventana y nos da la sensación de que la vida real es aburrida.

Sigue al conejo blanco en Lewis & Carroll

Mirando la calle fijamente desde el balcón, te das cuenta de que en los casi 70 segundos que tarda el semáforo en cambiar del rojo al verde no sucede gran cosa. Coches parados, peatones que cruzan. Peatones parados, coches que cruzan. Un video de 70 segundos nos mostraría la vida de ese semáforo durante una semana, en una sucesión vertiginosa de fotogramas con cambios de luz (mañana, mediodía, tarde, noche, madrugada…), nubes que vuelan sobre los edificios cual bólidos de fórmula 1… Todo tan rápido!

En cambio, vuelves a tu balcón, a tu ventana, miras y el tiempo real te sigue pareciendo lento. Nos hemos acostumbrado tanto a la ficción del paso del tiempo, que hemos acabado asumiendo como bueno el ritmo televisivo o cinematográfico, mientras que el ritmo de la vida es el que nos parece irreal. Si tenemos que estar dos minutos parados en un semáforo aprovechamos para jugar con nuestro Smartphone. Si tenemos que cruzar la ciudad en autobús leemos la prensa (a ser posible en el iPad), jugamos con la PSP, leemos un libro, hacemos llamadas innecesarias (no todas, claro) para matar el rato… y como última opción, pegamos la nariz a la ventanilla y miramos el pulso de la vida urbana en tiempo real. Pero es tan lenta.

Y, claro, de todo esto asociamos lento con malo, con no deseable, con ineficiente, con poco estimulante.

  • Lo lento no es bueno. Todo tiene que ser acelerado.

Decía que los medios de comunicación nos han acostumbrado a tener una percepción del ritmo acelerada, desenfocada, irreal. Todo va deprisa. En poco tiempo pasan muchas cosas. Cuando la realidad nos demuestra que no es así. Cuando miramos hacia atrás, cuando hacemos memoria, entonces tenemos una perspectiva de los acontecimientos y podemos valorar cuántas cosas han pasado, cuántas cosas nos han pasado. Pero mientras lo estamos viviendo todo sucede con una cadencia natural que muchas veces nos aburre y entonces buscamos una pantalla en la que podamos ver la vida acelerada.

Paradójico? Quizás. Pero real, no les parece?

Expongo y comparto con todos ustedes esta reflexión sobre la lentitud del tiempo real porque, decía, los medios de comunicación “tradicionales” nos han acostumbrado, nos han inculcado, la idea de que las cosas, para ir bien, tienen que ir rápidas. Y la idea de ir rápido la tenemos absolutamente distorsionada.

  • Y entonces llegó la Red, y a la red llegaron las personas, con sus contenidos, sus conversaciones, sus comunidades y su ritmo natural de hacer las cosas.

Y las personas empezaron a compartir, a conversar, a formar grupos, a entablar relaciones. Y las empresas, las organizaciones, las Marcas, entendieron que ese nuevo entorno, tan distinto del que proporcionan los medios de comunicación tradicionales es un entorno en el que hay que estar para relacionarse con las personas.

compartiendo todo aumenta su relevancia y su valor

Pero lo que todavía las empresas, las organizaciones y las Marcas no hemos entendido del todo (y sí lo vamos entendiendo mucho mejor las personas) es que este entorno, estas comunidades de personas a las que hemos llamado, por ejemplo, redes sociales, este es un entorno en el que la actividad se desarrolla en “tiempo real”. Es el entorno más parecido a mirar por la ventana o sentarnos a observar en la terraza de un bar.

  • Las empresas y las Marcas tienen  tendencia a impacientarse, porque todo les parece lento.

Un minuto dura un minuto, y en un minuto pasan las cosas que caben en un minuto de vida real, no más. En un minuto no se construye la Sagrada Familia, en un minuto no podemos jugar todo un partido de fútbol, en un minuto no aprendemos a tocar el piano cual virtuosos, en un minuto las personas no van y vuelven de vacaciones.

En un minuto no se construye una Comunidad. En un minuto no se multiplican por 1.000 los fans en las páginas de Facebook. En un minuto no somos los más seguidos en Twitter. En un minuto nadie se ha dado cuenta de que hemos llegado.

Las redes sociales son un entorno real, por eso las cosas suceden en tiempo real. Y cuando tratamos de alterar el ritmo, entonces las cosas no se aceleran, normalmente se desbocan, con todo lo que eso conlleva.

Si quiere un roble fuerte, frondoso y alto deberá plantarlo, cuidarlo, regarlo en su justa medida, preocuparse porque la tierra esté sana y las condiciones sean las mejores posibles. Si lo cuida y lo atiende, pero hace usted su vida y se ocupa de todas aquellas cosas de que las personas nos ocupamos, se sorprenderá de lo alto y fuerte que se está haciendo su roble. Y llegará a ser un gran roble, incluso un gigantesco roble.

Pero no se obsesione sentándose delante para ver cómo crece, porque no lo verá crecer. Lo único que conseguirá es desesperarse y, tal vez, acabe decidiendo que algo que crece tan lento no vale la pena. Y entonces se olvidará de su roble, o lo arrancará para poner un árbol de plástico reluciente y muy alto… pero un árbol de mentira.

La realidad, la vida, tiene un ritmo. Y el ritmo de la vida, del tiempo real, es lento, pero es el ritmo natural. Puede que nos gustase que las cosas fueran más deprisa, pero esa elección no está en nuestras manos.

Probablemente me ha quedado un post un tanto metafórico, les ruego me disculpen, me he dejado llevar por la lentitud del tiempo real…

José Antonio Rodríguez @jarodriguez / @lewisandcarroll

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *